La línea y otros textos – Rosa Lesca

La línea

Yo de chica dibujé líneas sobre el piso del cuarto, en la pared
de la cocina, en los bancos de la escuela.
Una vez quise escapar de casa, pero en la esquina me detuvo
un auto. Manejaba un tipo con unos bigotes que me parecieron
serios, después descubrí que ningún bigote era serio. Mi mamá
abrió la ventanilla del acompañante y me dijo “te pasaste de la
raya”. Esa fue la primera vez que escuché que había una raya, fui
irónica sin quererlo y pregunté dónde estaba la raya. Devuelta en
casa cumplí mi penitencia, culpa, vergüenza, comida fría. Pensé
mucho en lo que significaba pasar una raya, pregunté si habría
retorno y me contesté que no.
Tuve sueños raros: Mamá y mis hermanos me saludan desde
la vereda de enfrente, yo quiero levantar la mano y no puedo. El
hombre del bigote camina por la calle entre los autos, se detiene
en un semáforo, me mira y los mira, pero se va con ellos.
Luis, el del bigote, no era serio, por eso visitaba a mamá por
las noches. Andaba todo el día rondando y ella, más contenta
que nunca, saludaba a los vecinos en la calle. Encantada de estar
en boca de todos, encantada de que la señalaran. Yo, en cambio,
hundía los ojos en su brazo y le apoyaba los dientes con ganas
de morderla.
Una tarde mamá llegó a casa con un vestido verde, lleno de
botones que formaban filas. El vestido le quedaba horrible. Yo
no se lo dije, a ver si el bigotudo se asustaba. Pero no, era como si
se hubiesen enamorado. Esa misma noche mamá estrenó el vestido,
se puso sus zapatos rojos, parecía un árbol de navidad. Cenamos
los cuatro, Ariel, Lili, Mamá y yo. Sonó el timbre, mamá
se paró y salió corriendo a la puerta. Entro él con una nena de la
mano. Como una pesadilla, mamá nos presentó a Marta, la hija
de Luis. Pegué un grito que retumbó en el techo “te pasaste de
la raya, mamá”, me metí en el cuarto y golpeé la puerta. Marta
lloró en mi sillón. Lili me contó que mamá quiso acariciarle ese
pelo de alambre, pero los dedos se le enredaron y Marta le dijo
“me haces doler, bruta”.
Soñé con papá, estaba como siempre, tan alto y recto. Yo
caminaba por la vereda y él me miraba desde un coche blanco.
Los dos nos quedamos mudos, lloramos. Papá no bajó del auto.
Pegué mis ojos al vidrio, apoyé las manos sobre la ventanilla y
él las suyas. Después sacó de su bolsillo el bigote de Luis. Que
alegría.


Celestial

I

Tenías el pelo hasta las piernas
entonces eras invencible
lo juntabas en la nuca
con un nudo que se iba deshaciendo
lo subías como los hombres
se arremangan la camisa
firme detrás de las orejas
mientras hacías con el polvo
de la casa una montaña

quisiera de nuevo
como un collar colgarte
el pelo lacio

II

Una tarde paseando de tu mano
eso es todo
para mí ese sol y tu pelo largo
más largo que el mío
que la calle

III

No dejabas nunca
de mover las manos ásperas
pasabas un trapo de cera humedecido
sacabas brillo sin mirarnos
sumergida siempre en tu labor
siempre callada
tus manos podían
curarlo todo, y sin embargo
me toca enjuagarte los ojos
a mí que no tengo
más que nudos en los dedos


Día del padre

Buen día.
Domingo, si llueve,
mejor estar quieto.

Traigo un regalo para otro padre
sus hijos también tienen regalos.
Yo hija de nadie
le doy un paquete
para que abra y se sorprenda.

Almuerzo en casa ajena.

El padre que hoy me toca
sirve vino tinto, se sienta
en la cabecera de una mesa larga
brinda por el abuelo enfermo,
el padre de este padre
a quien yo no conozco.
Brindo por él también
le doy mi salud, a cambio
un comodín
otro padre de repuesto.

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